Museo de Valle del Carmen

 

La historia de Emiliano Miralpeix parece estar ligada al mar desde sus raíces. Su apellido, de origen ancestral, significa “mira el pez”, y desde muy pequeño siente una inexplicable fascinación por los barcos y el agua.

A los 15 años construyó su primer barco dentro de un foco de luz. Con el tiempo, convirtió esa pasión en un verdadero arte: creó pequeñas réplicas de barcos dentro de lamparitas, entre ellas las tres carabelas, y un impresionante galeón a escala que le llevó casi ocho meses de trabajo.

Después de sus jornadas laborales, Emiliano dedicaba sus noches a cortar, pegar y pintar cada detalle, llegando a trabajar hasta las cinco de la mañana. Incluso su actual esposa recorrió durante cuatro días distintos bazares de Salta hasta encontrar los escarbadientes torneados que necesitaba para las barandillas del galeón.

Hoy, la embarcación ocupa un lugar destacado en el museo, junto a réplicas de carruajes realizadas junto a su padre, Ricardo Miralpeix. Son piezas construidas respetando las formas, materiales y técnicas originales de objetos que fueron utilizados y encontrados en el país.

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